Formación en España: De un modelo Subvencionado a un modelo Acreditado

La fiesta de las Subvenciones en la Formación se ha reducido drásticamente

 

En estas dos últimas décadas hemos vivido una época de formación subvencionada que ha inundado el mercado de oferta en muchos casos buena y de calidad, en otras no tanto. Los resultados han sido buenos en muchos casos y no tanto en otros. Muchos han sido los agentes que han intervenido, gobierno, patronal, sindicatos, empresas en general, entidades de formación y porque no, algún que otro chiringuito al efecto que se ha ido creando expresamente para este mercado a todas luces, por exceso.

 

Al igual que en otros sectores, el de la formación se ha visto ahora en su propia burbuja reducido considerablemente, ¿Dónde está la salida? Dimensionarse/reinventarse, seguir en la línea de la calidad de la formación con el alumno como protagonista, como siempre debería haber sido, y como consecuencia de esto, separar la calidad de lo que no lo es, con un sistema riguroso de Acreditaciones/Homologaciones por parte de la Administración, que sea capaz establecer un nuevo sistema eficaz en dotar de cualificación al que no la tiene para su rápida inserción en el mercado laboral, en definitiva ajustar mejor la oferta a la demanda.

 

Es la hora de los “serios”, incluyendo a todas las entidades relacionadas con la formación de manera directa o indirecta y también porque no, como decía Leopoldo Abadía en su libro: “La hora de los Sensatos”. Las acreditaciones no serán sencillas, nunca lo han sido, y los controles que se lleven a cabo velarán porque la formación que se mueva en este rango sea de calidad y supervisada por la entidad competente en todas sus modalidades incluida la online, que ha venido para quedarse.

 

A demanda del sector de la Formación con sus distintas asociaciones patronales y con la reacción de las Administraciones Públicas que gestionan el sistema de acreditaciones, ya dejará de estar el sistema estrangulado y permitirá de manera privada poder comercializar, con esfuerzo económico propio, las distintas acreditaciones/titulaciones profesionales que pretenden ser el referente en la Formación Profesional, como por ejemplo, los Certificados de Profesionalidad.

 

Esto no significa en ningún caso que la formación subvencionada desaparezca, solo que no será, como hasta ahora el único pilar básico donde se sustente el sistema y para aquellos que accedan al mismo, lo hagan en unas condiciones más exigentes en cuanto a precio, calidad y éxito final para el alumno, todo orientado en el concepto de empleabilidad o adaptación al puesto de trabajo y no como “culturilla general” que no podía aplicar en el puesto de trabajo que desempeñaba en el momento de recibir el curso o acompañado de regalos que desvirtuaban el uso de los fondos.

 

Sin embargo, la clave estará en la Administración Pública, la exigencia legal en el ejercicio de las profesiones que vaya teniendo sobre distintas acreditaciones y su relación directa con el mercado laboral, es decir que si para “X” profesión se solicite legalmente y para una fecha límite, el Certificado de Profesionalidad “Y”, esa será la forma de poner en orden en algunos sectores faltos de cualificación homogénea y la forma de entender todos el mismo concepto o guión sobre una profesión. Como escuché hace poco y me gustó, se trata de sumar para multiplicar y no restar para dividir.

 

Recientemente los Ministros de Educación de la Unión Europea han detectado la necesidad de poner en valor mucho aprendizaje informal mediante un sistema de homologaciones o convalidaciones a desarrollar para todos los países miembros y que estuviera funcionando en el 2018, bienvenida sea dicha iniciativa. (Fuente: El País)

 

Conclusión, el modelo de formación está en evolución conforme a los tiempos que estamos viviendo, la fiesta de las subvenciones se ha reducido drásticamente, se han conseguido alto grado de difusión de la misma pero ahora toca reinventarse, acreditarse más, homologar parte de los que hay y comunicar de manera eficiente este cambio a aquellos que no están acostumbrados a pagar por una formación de calidad y querrán pagar lo mínimo. Será el mercado el que ponga a cada uno en su sitio, será el mercado el que elija la mejor combinación de modalidades formativas en función de sus necesidades para conseguir que realmente sea un mercado de demanda ajustado a la oferta y menos de oferta desajustado con la demanda.

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